*A lo largo de todo el texto la palabra “estado” en minúsculas hace referencia a Estado, que es como reglamentariamente se escribe cuando se alude a esta institución. Dado que éste es mi artículo y soy soberano en él, me permito la licencia gramatical de degradar este término y arrebatarle el privilegio de escribirlo en mayúsculas siendo cómo es un mero constructo derivado, en parte, del consentimiento pasivo por parte de la sociedad y origen de muchos de sus males)
PRÓLOGO
BrunbittyBrunbitty on Twitter / X Identidad_freewill
Esta noche por fin lo entendí.
Neo le hace la clásica pregunta: "Si ya sabes lo que voy a hacer... ¿de verdad tengo opción?"
Y ella [Oráculo] le responde: "Ya has tomado la decisión. Solo estás aquí para entender por qué".
Durante años pensé que esto significaba que "no existe el libre albedrío". Pero no es así.
La verdadera revelación es esta:
El libre albedrío no existe en el momento. Existe en la identidad que conduce al momento.
¿Las acciones que realizas ahora mismo? Son mayormente automáticas, moldeadas por tu condicionamiento, experiencias, miedos, hábitos y pasado.
¿Pero la persona en la que te estás convirtiendo? Ahí es donde reside realmente tu libertad.
No eliges el momento. Eliges al hombre que estará a la altura del momento.
O dicho de otro modo:
El determinismo escribe el pasado. La identidad escribe el futuro.
Porque cuando tu vida no está donde quieres, la respuesta no es "tomar mejores decisiones". La respuesta es: conviértete en la versión de ti mismo que toma mejores decisiones automáticamente.
Esa es la verdadera píldora roja.
El advenimiento del ciberespacio ha hecho realidad las elucubraciones más distópicas de ciertos autores visionarios de mediados del siglo XX en lo que concierne a la privacidad del individuo:
Hemos asistido, sin ser plenamente conscientes de ello, a una superposición entre los espacios físicos, reales, y los espacios virtuales que han hecho de la identidad y la conducta del individuo objeto de escrutinio por parte de agentes poderosos como el estado y grandes corporaciones. Estas últimas, incluso con la capacidad de mercantilizar la información de toda índole que se desprenden de nuestra interacción con el ciberespacio y que se correlaciona, en gran medida, con nuestra vida en el mundo físico. Ha esto nos referimos con superposición de ambas esferas.
Este artículo pretende, modestamente, señalar como la filosofía y la mecánica de Bitcoin toman un papel relevante y disruptivo en este escenario que se torna por momentos aún más Orwelliano si cabe con los alarmantes anuncios* por parte de los organismos europeos de implementar herramientas más agresivas como “chat control” o las CBDC, siendo esta última especialmente perversa al inspirarse en Bitcoin pero subvirtiendo absolutamente su filosofía.
Pero antes, exploremos los conceptos de identidad y privacidad.
La palabra persona viene del latín persōna, o sea, máscara (la máscara del actor). Etimológicamente quizá provenga de per/sonare, la máscara a través de la cuál (per) resuena la voz del actor (sonare).
En el teatro antiguo, la máscara (PERSONA) tenía una doble función: Reforzar la voz del autor (de ahí su etimología) y definir el personaje, es decir, indicar el elemento constante de su comportamiento en las diferentes situaciones, su “verdadera naturaleza”.
(P.PICHOT, La personalidad. Roche,1977. p. 8)
“Todos somos únicos y especiales. Como todos los demás”
La Identidad (idem) como concepto es algo especialmente ambiguo. Sin entrar en disquisiciones etimológicas profundas, centrémonos en uno de los aspectos más problemáticos: la identidad asociada al estado.
Si bien, y como ya hemos señalado en la introducción, los problemas de privacidad e identidad se han agravado desde el advenimiento de la realidad ciberespacial, este problema ya existía en el mundo “analógico” desde la misma existencia del *estado.
Nuestra identidad esta profundamente ligada al aparato del estado. Somos “registrados” desde el momento en que nacemos.
Este proceso de “registro” produce un efecto paradójico en el concepto de identidad. Nuestra identidad estatal, en realidad, difumina nuestra individualidad y nos convierte en algo “IDENTICO” a los demás. Nos hace más gregarios de lo que por naturaleza somos, y lo hace de una manera perversa al convertirnos en una unidad de cuenta, formamos parte del “rebaño” pastoreado por el Estado. Suena duro pero somos ganado.
Y es que nuestra identidad es definida por la Identidad Fiscal y el DNI; herramientas estadísticas (nótese la raiz de la palabra estadistica) que el estado utiliza para la extracción de recursos de la sociedad productiva vía impuestos.
Esto forma parte del ámbito social en el que estamos inscritos de forma involuntaria y por defecto pero requiere de nuestro consentimiento pasivo. Aunque, evidentemente, ese “consentimiento” sea de facto impuesto por el monopolio de la fuerza, hay cierta responsabilidad por nuestra parte al aceptar, tolerar, colaborar e incentivar el sometimiento a través de ese “consentimiento pasivo”.
Este proceso de alienación del individuo se multiplica cuando abrimos foco y observamos las perspectivas que para el conjunto de individuos, los organismos supraestatales tienen como agenda. Por poner tan solo un ejemplo, el problema de inmigración masiva y descontrolada que sufre Europa, en conjunción con el desprestigio y socavamiento progresivo de las estructuras sociales y culturales tradicionales europeas que durante las 50 últimas décadas se han llevado acabo desde un lado del espectro ideológico, parece diseñado para ir desligando al individuo de cualquier atisbo identitario. Un individuo aislado de cualquier contexto social y cultural, un individuo que no cree en nada, es mucho más fácil de controlar. No tiene asidero. Es por ello que el objetivo de estas “élites” en la sombra apuntan a Europa, el último bastión de soberanía del individuo que podría enfrentarse a un gobierno global.
Hay una esfera en el que el estado no puede entrar de momento: Nuestro pensamiento…
¿Es así realmente?
Si tuviésemos en cuenta ciertas teorías del pensamiento de Wittghenstein que postulan que los pensamientos privados no existen podríamos llegar a dudar de esto. Pero en aras a la simplicidad obviaremos ese “Hardfork” y nos mantendremos en este sendero de especulación sobre la identidad y la privacidad.
Recapitulando, hoy en día, en la era de la información, la identidad y la privacidad se ven más comprometidas que nunca en este nuevo espacio cuasi metafísico en el que interactuamos de forma constante, el ciberespacio, y en el que la información de nuestra identidad y nuestra privacidad se han convertido en un “producto” con el que se mercadea y que incluso condiciona nuestra conducta. Por ello es obligada la pregunta:
¿Es la identidad algo privado? ¿Debería serlo?
Antes si quiera de intentar contestar a estas preguntas me parece destacable rescatar algún mito moderno a este respecto. Sirva de preámbulo el caso de ₿itcoin:
El mismo génesis de Bitcoin se basa en el binomio Identidad Privacidad: Dice la leyenda que el creador de Bitcoin es un tal Satoshi Nakamoto… pero esto es solo un nombre. No hay una identidad real y física asociada a él que se sepa en la actualidad.
Esto, personalmente, me parece una proeza y también una de las cualidades intrínsecas de Bitcoin. El hecho de que su creación sea anónima (seudónima si se quiere, pero para el caso es lo mismo) la equipara a descubrimientos como la rueda o el fuego, atribuibles a la “humanidad”. Si la identidad de su creador estuviese ligada a una persona concreta o un grupo de personas, sería inevitable levantar suspicacias acerca de las intenciones reales de Bitcoin. Además de otorgar al autor/autores la seguridad física suficiente para seguir respirando aire. Como bien señala el autor Adrián Bernabeu en su estupendo libro Bitcoinismo: “Sin cabeza que cortar, no hay funeral” (BITCOINISMO ; Deusto, 2024. p.228)
Satoshi como seudónimo-anónimo no es un fenómeno tan novedoso como pueda parecer. Aunque hay muchos casos en la historia podemos remontarnos unas décadas antes cuando vimos un ejemplo extrapolable al mundo del arte subversivo con el caso “situacionista” de Banksy.
Banksy es más una marca que una identidad. Al igual que en el caso de Satoshi, mi “apuesta” es que bajo esas identidades se esconde un colectivo colaborativo. Creo que es la mejor manera de conseguir el anonimato total; una inteligencia ejecutiva distribuida enmascarada tras una única identidad permite implementar estrategias de anonimato más eficientes (siempre que ese grupo no sea demasiado amplio), algo que se complica muchísimo en la actual era de la información si esa empresa la acomete un único individuo, el paso en falso más pequeño daría al traste con la privacidad. Y en los casos de Satoshi y Banksy el éxito ha sido tal que resulta difícil creer que una sola persona haya logrado mantener su identidad privada totalmente desligada de la “mascara”, probablemente, porque no existe tal identidad única.
Y volviendo a la pregunta sobre si la identidad debiera ser privada:
Sin entrar en los desacuerdos sostenidos en teoría del derecho y filosofía política (Iusnaturalismo vs Positivismo) existe cierto grado de consenso:
La privacidad es un derecho natural, funciona como prerrequisito estructural para la autonomía individual. No depende de ser “concedido”.
Y es un Derecho negativo; Impone deber de no-injerencia. No requiere provisión de bienes ni acciones positivas por parte de terceros.
Por lo tanto, En aras a proteger este derecho de privacidad en el entorno tecnológico en el que vivimos, y sin necesidad de llegar a esos extremos de eficiencia de privacidad como los mencionados en los famosos ejemplos del preámbulo, que, aunque difíciles, no son imposibles, creo que todos debemos valorar la posibilidad del uso de “avatares”, “mascaras” o personalidades paralelas que sirvan de escudo de lo propio.
Solo a través de una máscara tal vez podamos manifestar nuestra “verdadera naturaleza”.
En un mundo en el que las opiniones personales se ven amplificadas y retransmitidas en el ciberespacio, la privacidad es un foso defensivo ante la censura, las amenazas e incluso, y no menos importante, la autocensura.
En este sentido el protocolo descentralizado de Nostr supone una revolución.
El caso Nostr. La Cosa Nostra
Nostr es un protocolo abierto que permite publicar y leer mensajes mediante claves públicas y firmas digitales, sin servidores centrales. Cada usuario controla su identidad con su clave y replica su contenido a relays independientes.
Aunque Nostr aluda al acrónimo de “Notes and Other Stuff Transmitted by Relays” (Notas y otras cosas transmitidas por relays) su pronunciación en inglés [Noster] hace casi imposible no caer en la tentación de asociar ese nombre al pronombre posesivo en latín Noster , es decir, Nuestro.
Estamos hablando de la primera red social descentralizada que "pertenece" al usuario, es un protocolo, no hay detrás una empresa, tan solo “clientes” que desarrollan las distintas plataformas, pero el usuario mantiene el control total de su identidad, su privacidad y su contenido que es incensurable.
Una verdadera "Cosa Nostra” si se me permite el chascarrillo.
Probablemente una coincidencia (o no?)… ¡pero que feliz coincidencia!
Bitcoin es uno y trino:
IDENTIDAD-PRIVACIDAD-PROPIEDAD.
Si la privacidad es, por tanto, un Derecho puede que sea de los más importantes. Y está muy ligado a la Propiedad (cuando coinciden las esferas de lo material y de la información). No en vano el mismo nombre de Propiedad suele llevar el apellido “Privada”. Es decir, Propiedad Privada. Lo cual es casi una tautología, ya que ambas palabras se refieren a “lo que es propio”. (vuelvo a ayudarme de la etimología) Lo privado es lo propio. Y lo que es propio, es privado. El “estado”, en cambio, es capaz de enajenar lo propio de la identidad.
¿Hasta qué punto nuestra propiedad es realmente tal cuando nuestra identidad y nuestra privacidad está en manos de un “estado” todo poderoso que puede decidir despojarnos de lo nuestro?
En la actualidad TODA PROPIEDAD ESTÁ SUJETA AL INTERÉS GENERAL.
(articulo 33 de la constitución que regula el derecho de propiedad).
La trampa está clara: El legislador es el que dicta arbitrariamente y en muchos casos con intereses espurios cuál es el interés general. (El cuál no existe como tal sino como interés mayoritario expresado en las elecciones. Es decir, se pueden excluir a minorías, por lo que no es general)
BITCOIN ARREGLA ESTO:
Como dice el filosofo Alvaro D. María en su exquisito libro “La filosofía de Bitcoin”:
“Bitcoin redefine el derecho de propiedad privada haciéndolo absoluto y creando un espacio donde los Estados carecen de soberanía.”
“La propiedad privada es un derecho absoluto solo con Bitcoin”
CÓMO BITCOIN ARREGLA ESTO:
CRIPTOGRAFÍA
Esta herramienta de liberación y restitución de lo propio es la culminación en los avances en criptografía que algunos científicos, antes y el movimiento “cypherpunk” después, desarrollaron al percatarse de las amenazas y vulnerabilidades a las que los individuos se veían expuestos con el advenimiento de la realidad ciber-espacial. A ellos hay que agradecerles el desarrollo de las herramientas de encriptación necesarias para paliar las nefastas consecuencias, en materia de privacidad, de la interacción con Internet.
A este respecto cabe mencionar el libro “Criptoria” de Alfre Mancera en el que el autor hace un exhaustivo recorrido conceptual e historiográfico del desarrollo de esta tecnología y sus precursores.
Tanto en Bitcoin como en Nostr la encriptación está integrada en el protocolo sin que el usuario tenga la necesidad de conocer profundamente su “mecánica” intrínseca. Aunque tenemos la obligación de empezar a familiarizarnos con el uso de estas herramientas y entender, aunque sea de forma básica, su funcionamiento si queremos que éstas demuestren sus cualidades.
Dicho todo lo cual es obligado subrayar que solo podemos beneficiarnos de las cualidades de Bitcoin como propiedad privada a través de la Auto-custodia.
En conclusión, Bitcoin, con su filosofía y su metodología de descentralización y seudonímia, es el catalizador* de la estrategias que cada individuo debe aplicar para proteger su identidad y su privacidad en todos los ámbitos de nuestra interacción con el ciberespacio, lo que nos permitirá separar en mayor o menor medida esa realidad virtual de la realidad física.
*Bitcoin no es precursor de herramientas criptograficas enfocadas en la privacidad. Pero creo que somos muchos los que nos hemos percatado de esta problemática gracias a Bitcoin y es por eso que uso el termino “catalizador”.
Usa Bitcoin.
Usa “máscaras”…
Y a través de ello tendrás la libertad de expresarte y manifestar tu verdadera naturaleza.
Epílogo
POLIFEMO Y LA PRIVACIDAD.
“ANTES FLACO QUE FAMOSO” (Jack Kerouac)
Un amigo me preguntó una vez si creía yo que la Odisea tenía alguna correlación con el mundo actual. “Buena pregunta”, le conteste, (siendo ésta, tal vez, la mejor forma de contestar cuando no tienes ni idea de la respuesta). Y, aunque me hubiese gustado contestar algo como “viniendo de Homero el ‘mito mitológico’, seguro que sí ”, en realidad, la respuesta era irrelevante. La pregunta era retórica, de esas que no esperan respuesta y que en muchas ocasiones solo son una manera elegante de dar pie a una auto-respuesta con alguna idea que ronda en la cabeza y quiere uno soltar. Si hay suerte esa respuesta puede ser realmente interesante, como así fue en esta ocasión.
A su pregunta contestó con otra pregunta (muy socrático él) :
“Polifemo, ¿a qué se refiere, qué representa?”.
De nuevo contesté: “Buena pregunta”. (Es decir, ni idea)
Pues resulta que, y según sus fuentes, Polifemo significa “En boca de muchos”.
Ahí, no me negaran, la cosa empieza interesante.
“Polifemo es un cíclope, un gigante de un solo ojo.”
[detalle no menor que representa una única perspectiva.].
“Es un hijo de un dios, pero no es un dios, es un titán, un falso Dios. Se come a los hombres y cría ovejas.” y siguió:
“Se alimenta de la individualidad y cría seguidores. Es lo mainstream, por decirlo de alguna manera.”
En este punto tenía absolutamente secuestrada mi atención.
“La forma de escapar de Polifemo era hacerle creer que no eres nadie. Cegarlo mientras duerme y escapar haciendote pasar por oveja” .
Bravo.
Después de que mi amigo expresara dudas sobre la interpretación de “cegar al polifemo” (a lo que yo podría conjeturar que se trata de tener estrategias de privacidad, porque me viene al pelo) remató su idea con:
“(…)Lo de no ser nadie supongo que significa no buscar el reconocimiento del grupo”.
“Si quieres escapar de la perspectiva única [la del cíclope] hay por lo menos [que] rechazar la llamada de la fama.”
“No sé si cegar al titán significa darse cuenta de que tiene puntos ciegos …[yo creo que así es] …Y luego aparentar ser parte del sistema hasta que ya estés demasiado lejos para que te coja”.
Realmente una interesantísima lectura del mito homérico que contesta a su primera pregunta con un “sí” rotundo.
La identidad, la privacidad, la notoriedad, el “gran hermano que todo lo ve” es tan antiguo como el mito y…
“todo lo que es arriba es abajo.”
Para disfrutar de otra maquetación: